Rubén Armesto

“Entendí que construir salud antes de que se pierda también es una forma muy poderosa de hacer enfermería”

Ourense, 27 abril de 2026. Cuando “su trabajo no se limita a curar, sino a crear entornos laborales más seguros, saludables y humanos”, entonces hablamos de enfermería del trabajo. Así lo explica Rubén Armesto, especialista en enfermería del trabajo, que con la vista puesta en el Día Mundial de la Seguridad y la Salud en el Trabajo (28 abril) nos ayuda a entender los nuevos escenarios a los que se enfrenta la especialidad: salud mental, entornos laborales complejos y diversos, envejecimiento de la población trabajadora, relevo generacional y vigilancia de la salud con perspectiva de género.

“Lo que menos se ve de la Enfermería del Trabajo es, precisamente, lo que más valor aporta: prevenir, educar y cuidar de forma continua, incluso cuando no hay enfermedad”, asegura. Y no son pocos los retos que una sociedad cambiante como la actual impone a la salud laboral: vigilancia, adaptabilidad a puestos de trabajo y trabajadores con necesidades diferentes, acompañamiento emocional, bienestar psicosocial... Solo un dato: casi 970 millones de personas en el mundo tienen algún problema de salud mental, y aproximadamente el 80,6 % se encuentran en edad laboral.

Prevención y educación sanitaria entran también en la ecuación. Y aunque para algunas empresas destinar recursos en salud laboral puede ser considerada solo como una obligación legal, lo cierto, es que es una cuestión de salud y una inversión a medio y largo plazo. “Por cada euro invertido en prevención, la empresa puede generar hasta cuatro euros de retorno, en forma de menos bajas, menos accidentes y mayor productividad”.

Hablamos con Rubén de enfermería del trabajo, cuidado y cómo construir entornos laborales más seguros, saludables y humanos.

Para empezar, ¿cómo llegaste a la enfermería del trabajo y qué encontraste en esta especialidad que no habías visto en otros ámbitos de la profesión?

Llegué a la Enfermería del Trabajo casi sin buscarla. En el año en que la COVID19 empezaba me presenté al EIR y, aunque esta especialidad estaba entre las plazas, al principio dije que no, porque con mi UCI o con mi consulta de Enfermedad Inflamatoria Intestinal estaba realizado.

La pandemia nos dio algo poco habitual en enfermería: tiempo para parar y pensar, y eso me hizo replantearme mi camino profesional. Descubrí una especialidad con una mirada muy preventiva, centrada en la salud pública, donde se trabaja en equipo pero con funciones claras y una autonomía profesional real.

Además, conectaba con una idea que siempre he defendido: el enfermero como líder de salud integral, de un ser holístico, no solo presente cuando aparece la enfermedad.

En la Enfermería del Trabajo la mayoría de las personas están sanas, y por eso el autocuidado, la educación en salud y el acompañamiento son fundamentales.

Entendí que construir salud antes de que se pierda también es una forma muy poderosa de hacer enfermería.

A menudo es una especialidad poco visible fuera del propio ámbito de la prevención. ¿Qué hace realmente una enfermera del trabajo en el día a día de una empresa?

La enfermera del trabajo cuida de la salud de las personas antes de que aparezca la enfermedad. Su labor principal se centra en la prevención, realizando la vigilancia de la salud según los riesgos reales de cada puesto.

También tiene un papel clave como educadora en salud, fomentando hábitos saludables, autocuidado y detección precoz de problemas de salud.

Trabaja en equipo con médicos del trabajo y técnicos de prevención, pero con competencias propias y una autonomía profesional real.

Atiende urgencias laborales, participa en campañas de vacunación y colabora en los planes de emergencia. Realiza el seguimiento de trabajadores especialmente sensibles y de accidentes laborales.

Además, acompaña procesos de reincorporación tras una baja o de adaptación al puesto, siendo un puente entre la persona trabajadora y la empresa.Tras la pandemia, su papel se ha reforzado especialmente en el cuidado del bienestar emocional y la salud mental. Su trabajo no se limita a curar, sino a crear entornos laborales más seguros, saludables y humanos.

La enfermería del trabajo se mueve entre la asistencia, la prevención, la vigilancia de la salud y la educación sanitaria. Desde tu experiencia, ¿qué parte del trabajo de una enfermera del trabajo suele pasar más desapercibida y, sin embargo, es clave?

Aunque la Enfermería del Trabajo se asocia muchas veces a la asistencia o a los reconocimientos médicos, la parte que más suele pasar desapercibida es el trabajo preventivo y educativo que no se ve. Gran parte de nuestro impacto ocurre antes de que exista un problema de salud, observando, escuchando y anticipándonos.

También se valora poco el trabajo de seguimiento que realizamos con enfermedades crónicas o patologías de base, ayudando a que la persona trabajadora pueda cuidarse dentro de su jornada laboral.

Muchas veces no se percibe la importancia de las pequeñas intervenciones diarias, como una conversación, una recomendación personalizada o un ajuste a tiempo del puesto de trabajo.

Sin embargo, esta labor es clave, porque previene lesiones, enfermedades y bajas laborales. También suele infravalorarse el acompañamiento emocional, especialmente en procesos de reincorporación o en situaciones de malestar psicológico. Ese seguimiento cercano genera confianza y permite detectar problemas de salud en fases muy iniciales.

Lo que menos se ve de la Enfermería del Trabajo es, precisamente, lo que más valor aporta: prevenir, educar y cuidar de forma continua, incluso cuando no hay enfermedad.

¿Cuáles son hoy los riesgos o problemas de salud laboral que más preocupan, especialmente en un contexto marcado por nuevos modelos de trabajo, cambios tecnológicos y presión psicosocial?

Uno de los problemas de salud laboral que más preocupan es la salud mental. Los nuevos modelos de trabajo, el teletrabajo, la hiperconectividad y la presión por la productividad están aumentando el estrés, la ansiedad y el agotamiento emocional.

También estamos viendo un aumento de los trastornos musculoesqueléticos, relacionados con el sedentarismo, las posturas inadecuadas y el uso prolongado de pantallas.

Los cambios tecnológicos constantes generan incertidumbre, necesidad de adaptación continua y sensación de falta de control en muchos trabajadores. A esto se suma la dificultad para conciliar y la pérdida de límites entre la vida personal y laboral.

Otro reto importante es el envejecimiento de la población trabajadora y la convivencia con enfermedades crónicas en el entorno laboral. Además, es clave adaptar la vigilancia de la salud con perspectiva de género y ajustar nuestras intervenciones a una climatología cada vez más cambiante. Todo esto hace que los riesgos ya no sean solo físicos, sino cada vez más psicosociales y emocionales.

Por eso, hoy la salud laboral no puede centrarse solo en evitar accidentes, sino en cuidar a la persona de forma global y adaptar el trabajo a las personas, y no al revés

En una empresa como Iberdrola, existen perfiles profesionales y entornos de trabajo muy distintos, ¿cómo se adapta la enfermería del trabajo para abordar la prevención y los cuidados a realidades diferentes?

Pues siendo flexible y ajustándose a la realidad colectiva e individual de cada persona. Pero cumpliendo con la ley en todo momento. No es lo mismo cuidar a alguien que trabaja en una oficina que a quien lo hace en una central hidroeléctrica, en turnos, en subestaciones o expuesto a condiciones climáticas cambiantes. 

Por eso, la prevención y la vigilancia de la salud se personalizan según los riesgos reales de cada puesto y de cada trabajador, teniendo en cuenta tanto la evaluación de riesgos como la situación individual. Solo conociendo los riesgos reales de la población laboral podemos realizar las pruebas pertinentes y las recomendaciones justas.

No solo valoramos el tipo de trabajo, sino también la edad, el estado de salud, la presencia de enfermedades crónicas y la perspectiva de género.

La educación sanitaria se adapta al entorno, al momento vital y a la forma más eficaz de llegar a cada persona. Además, se trabaja de manera coordinada con otros profesionales para ajustar medidas preventivas y crear entornos más seguros. Esta capacidad de adaptación permite intervenir antes de que aparezcan los problemas y acompañar mejor a las personas en contextos cambiantes.

Se pone el foco en la diversidad del entorno laboral y cuidar a cada trabajador según su realidad concreta y en un breve espacio de tiempo. En definitiva, situar a las personas en el centro de la atención enfermera.

Una de las claves de esta especialidad es anticiparse al daño antes de que aparezca. ¿Sigue faltando cultura preventiva en los centros de trabajo?

La cultura preventiva sigue siendo un reto en muchos centros de trabajo, pero no es el caso de Iberdrola, donde la prevención forma parte de su ADN. Aquí se trabaja de manera coordinada entre el servicio de medicina del trabajo, los técnicos de prevención y los responsables de la seguridad, fomentando una mejora continua tanto en trabajadores propios como en personal subcontratado.

Además, cuando en la vigilancia de la salud se detecta un problema, el seguimiento posterior es clave para evitar que ese riesgo termine convirtiéndose en daño.

Soy consciente de que esta no es la realidad de muchas empresas, que no cuentan con un servicio de prevención propio.

Invertir en prevención no es un gasto: está demostrado que por cada euro invertido en prevención, la empresa puede generar hasta cuatro euros de retorno, en forma de menos bajas, menos accidentes y mayor productividad.

La diferencia está en entender la prevención como una inversión en salud y futuro, y no solo como una obligación legal.

Con motivo del Día Mundial de la Seguridad y la Salud en el Trabajo, ¿qué mensaje consideras importante trasladar a empresas, trabajadores e instituciones?

La OIT pone el foco en un mensaje muy claro: “Garanticemos un entorno psicosocial saludable en el trabajo”. Este lema nos recuerda que cuidar la salud mental es esencial para garantizar un trabajo seguro y saludable.

Cuando cuidamos el bienestar psicosocial, también cuidamos la salud física, porque muchas de las medidas preventivas pasan por fomentar hábitos de vida saludables, como parte de las intervenciones preventivas universales dentro de las empresas.

El estrés, la ansiedad o la sobrecarga emocional no solo afectan a la mente, también aumentan el riesgo de enfermedades físicas, lesiones y bajas laborales. Los datos son claros: casi 970 millones de personas en el mundo tienen algún problema de salud mental, y aproximadamente el 80,6 % se encuentran en edad laboral.

En España, encuestas recientes muestran que el 74,7 % de las personas trabajadoras perciben un empeoramiento de su salud mental. Sin embargo, solo alrededor del 10 % de las empresas españolas están llevando a cabo acciones reales para abordarlo.

Por eso, el mensaje a empresas, trabajadores e instituciones debe ser claro: invertir en bienestar psicosocial es prevenir daño, mejorar la salud global y construir entornos laborales más humanos, seguros y sostenibles.

¿Crees que la especialidad está suficientemente reconocida dentro de la propia profesión enfermera y también por parte de empresas e instituciones? ¿Qué habría que seguir mejorando?

Creo que el reconocimiento de la Enfermería del Trabajo depende mucho del ámbito desde el que se mire. En mi experiencia personal, me siento muy valorado por mis compañeros de trabajo. Saben que pueden contar conmigo para cualquier duda relacionada con su salud y me ven como una figura de acompañamiento continuo. A veces incluso me involucran en aspectos de la salud de sus padres o de sus hijos, lo que demuestra el nivel de confianza que existe.

Desde el punto de vista de la empresa, también siento ese reconocimiento. La organización es consciente de que mi labor es cuidar a las personas para que puedan ser los trabajadores más saludables y productivos posibles. Y no hablo solo de su vida laboral, sino de todas las esferas de su vida, porque una persona no deja su salud en la puerta cuando entra a trabajar.

Sin embargo, dentro de la propia profesión enfermera, la Enfermería del Trabajo sigue siendo una especialidad poco conocida. Muchos compañeros no saben exactamente a qué nos dedicamos ni el alcance real de nuestras competencias. Quizá ahí tengamos también una responsabilidad nosotros mismos: explicarnos mejor, visibilizar nuestro trabajo y hacerlo sin complejos, sin sentirnos ni más ni menos que nadie.

Nuestros estudios, nuestras tareas y nuestro liderazgo en el autocuidado y la prevención tienen un impacto muy alto y suman, siempre suman, a ese cuidado integral del ser humano que solo puede lograrse desde el trabajo conjunto de todos los profesionales de la salud.

En cuanto a las instituciones, creo que todavía hay mucho margen de mejora. En los próximos años se espera un alto número de jubilaciones en esta especialidad y no se está planificando suficientemente la reposición de estos profesionales. Además, sigue faltando un reconocimiento claro de la capacidad de gestión que tiene una enfermera del trabajo.

La experiencia ha demostrado que una enfermera debería estar presente en las mesas de decisión y negociación, aportando esa mirada empática, práctica y centrada en las personas que forma parte de nuestra esencia profesional y que resulta clave para construir entornos laborales realmente saludables.

¿Qué retos ves a corto y medio plazo para la enfermería del trabajo?

Tiene retos muy claros. Uno de los principales es dar respuesta al aumento de los riesgos psicosociales, especialmente relacionados con la salud mental, la tecnología y los nuevos modelos de trabajo.

También será clave adaptarse a una población trabajadora cada vez más envejecida, con más enfermedades crónicas que necesitan seguimiento dentro del entorno laboral.

Otro reto importante es integrar de verdad la perspectiva de género, entendiendo que los riesgos laborales, las enfermedades y la forma de enfermar no afectan igual a hombres y mujeres.

A esto se suma el impacto del cambio climático, con más exposición a calor extremo, condiciones ambientales adversas y nuevos riesgos para la salud, especialmente en trabajos al aire libre o industriales.

Además, preocupa el relevo generacional, ya que en los próximos años se esperan muchas jubilaciones y no siempre se está planificando la reposición de estos profesionales.

También es necesario seguir ganando visibilidad y reconocimiento, tanto dentro de la profesión enfermera como a nivel institucional. Y, sobre todo, seguir trabajando para que las empresas sean entornos que generen salud y bienestar, y no espacios que lo resten.

El gran reto será anticiparse, adaptarse y seguir construyendo empresas saludables, donde la prevención y el cuidado integral de las personas estén en el centro.

Para una enfermera que esté valorando su futuro profesional, ¿qué le dirías para animarla a mirar hacia la enfermería del trabajo como una salida con recorrido?

A una enfermera que está valorando su futuro profesional le diría que mire la Enfermería del Trabajo sin prejuicios y con curiosidad. Es una especialidad con mucho recorrido, que va a ser cada vez más necesaria en un mundo laboral cambiante y exigente.

Permite cuidar a personas antes de que enfermen, trabajar en prevención, educación para la salud y autocuidado, y tener un impacto real en la vida diaria de quienes trabajan.

Es una enfermería con autonomía profesional, con capacidad de gestión y con un papel clave en la toma de decisiones. Además, te permite acompañar a las personas en todas las esferas de su vida, porque la salud no se queda fuera del trabajo.

Es una salida profesional estable, con futuro, y con un enfoque muy humano.

También le diría que es una especialidad que no resta enfermería, suma enfermería, y que necesita profesionales comprometidos, curiosos y con ganas de liderar cuidados.

Si te interesa la prevención, el bienestar, la educación sanitaria y cuidar desde una mirada integral, la Enfermería del Trabajo puede ser un camino muy completo. 


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