Ourense, 6 agosto 2025. En 1803, una enfermera gallega cruzó el Atlántico cuidando a 22 niños. No iba sola: viajaba con la primera vacuna de la historia y con la misión de salvar millones de vidas.
La historia de Isabel Zendal (Ordes, 1773) es una de esas piezas esenciales de la enfermería que durante siglos ha permanecido en los márgenes del relato oficial. Hasta hace poco, su nombre apenas figuraba en los libros de historia, a pesar de que su labor fue clave en uno de los hitos sanitarios más importantes del mundo: la Real Expedición Filantrópica de la Vacuna.
Hoy es reconocida como la primera enfermera en misión internacional y como un ejemplo temprano del valor humanitario, la profesionalidad y la resiliencia que definen a la enfermería moderna. Y sí, era gallega.
La viruela, la gran amenaza del siglo XVIII
La viruela fue, durante siglos, una de las enfermedades más letales del planeta. En Europa causaba alrededor de 400.000 muertes al año y quienes sobrevivían a menudo quedaban con secuelas graves. En América, su impacto fue devastador: las poblaciones indígenas no tenían defensas naturales y las epidemias arrasaron comunidades enteras.
En 1796, el médico británico Edward Jenner logró desarrollar la primera vacuna al inocular a un niño con el virus de la viruela bovina. El descubrimiento abrió la puerta a una nueva era en la prevención sanitaria, pero quedaba un reto mayor: ¿cómo transportar esa vacuna a miles de kilómetros de distancia sin que perdiera su eficacia?
La solución: una expedición, 22 niños y una enfermera
La respuesta llegó de la mano del médico Francisco Javier Balmis, quien convenció al rey Carlos IV de lanzar una expedición sanitaria sin precedentes. El plan era tan audaz como rudimentario: utilizar una cadena humana de niños para transportar el virus de brazo en brazo, manteniendo viva la vacuna durante los meses de travesía hacia América y Filipinas.
Para ello se necesitaban cuidadores. Personas capaces de atender a esos niños durante el viaje, administrar las inoculaciones, controlar los síntomas y evitar infecciones cruzadas. Y ahí es donde aparece Isabel Zendal, que por entonces era rectora de la Casa de Expósitos del Hospital de la Caridad de A Coruña.
Isabel Zendal: una enfermera adelantada a su tiempo
Zendal había comenzado su carrera en condiciones duras, tras perder a su madre por viruela cuando tenía apenas 13 años. Con 20 años entró como trabajadora en el hospital coruñés, donde destacó por su capacidad organizativa y su compromiso con los más vulnerables.
En 1803 fue seleccionada por Balmis para participar en la expedición y se embarcó en la corbeta María Pita el 30 de noviembre, junto a su hijo Benito y 22 niños huérfanos que portarían la vacuna. Durante meses, su trabajo consistió en cuidar de ellos: alimentarlos, asearlos, tranquilizarlos y garantizar que cada inoculación se realizase de forma segura.
Gracias a su labor, la cadena vacunal no se rompió y la vacuna llegó con éxito a América, donde fue administrada a miles de personas.
Una ruta histórica: de Galicia al mundo
La Real Expedición Filantrópica de la Vacuna recorrió Canarias, Puerto Rico, Venezuela, Cuba, México, Filipinas y varias colonias del Pacífico. En cada parada, se replicaba el proceso de vacunación y se entrenaba a personal local para que continuara la tarea.
Se calcula que más de 250.000 personas fueron vacunadas gracias a esta misión, considerada hoy como el primer operativo sanitario global y precursor de las campañas de salud pública internacional.
Zendal acompañó la expedición hasta Filipinas y luego regresó a México, donde decidió quedarse a vivir con su hijo. En 1811 solicitó una pensión por su servicio, pero su rastro histórico se pierde a partir de entonces. No se conoce la fecha ni el lugar exacto de su fallecimiento.
Reconocimiento tardío, legado eterno
Durante más de un siglo, el nombre de Isabel Zendal quedó eclipsado por sus compañeros de expedición. No fue hasta 1950 cuando la OMS la reconoció oficialmente como la primera enfermera en misión internacional. Desde entonces, su figura ha sido recuperada como ejemplo de vocación, valentía y contribución a la salud pública.
En las últimas décadas, se le han dedicado calles, hospitales (como el Hospital de Emergencias Enfermera Isabel Zendal en Madrid), premios científicos, novelas históricas, documentales y menciones en el Parlamento de Galicia. Hoy, su historia es también símbolo del papel fundamental de las mujeres en la historia de la sanidad.
Más allá de Florence Nightingale: otras pioneras que debemos recordar
Isabel Zendal comparte legado con muchas otras figuras fundamentales. Recuperar sus historias es también una forma de visibilizar el impacto que la enfermería ha tenido, y sigue teniendo, en la salud de la humanidad. Mujeres que, como Zendal, contribuyeron al desarrollo de la profesión mucho antes de que esta se reconociera formalmente, verdaderas pioneras de la enfermería.
De las travesías del siglo XIX a los vuelos sanitarios del XX
La historia de Zendal dialoga con otras gestas menos conocidas pero igualmente significativas. Como la de Elvira López, que en 1927 se convirtió en la primera mujer en participar en un vuelo sanitario militar. Dos mujeres, dos épocas y un mismo compromiso: cuidar.

