Ourense, 12 diciembre de 2025. Adrián Vences es enfermero especialista en Atención Familiar y Comunitaria, docente, divulgador y desarrollador de soluciones tecnológicas aplicadas a la salud. Vinculado desde Ourense al impulso de la innovación en la práctica enfermera, ha creado herramientas digitales como una app que agrupa las principales escalas clínicas de Atención Primaria, y promueve la formación sobre inteligencia artificial, ética digital y seguridad del paciente.
Actualmente combina su labor asistencial con talleres sobre IA aplicada a la salud, el diseño de asistentes clínicos personalizados basados en GPTs, materiales formativos para profesionales y un enfoque comprometido con una salud digital útil, ética, segura y accesible.
Grandes retos que requieren formación y actualización constante. “La tecnología avanza muy rápido, pero la clave es cómo la traducimos y la integramos en la realidad asistencial. Ahí la enfermería aporta un valor único: detectar necesidades reales, transformar problemas en soluciones operativas y asegurarnos de que cada herramienta responda a criterios éticos, de calidad y de utilidad clínica”, asegura y lo tiene claro: “La herramienta puede orientar, explicar y adaptar contenidos, aunque siempre debe ir acompañada por la revisión del profesional, que es quien garantiza que la recomendación final sea segura, adecuada y realmente útil para el paciente”.
Adrián Vences forma parte de la Comisión de Investigación del Colegio de Enfermería de Ourense, desde donde trabaja para abrir nuevas vías que conecten la práctica asistencial, la tecnología y la generación de conocimiento desde la enfermería.
Adrián, tu trayectoria está muy vinculada a la innovación, la salud digital y el uso de herramientas tecnológicas desde la enfermería. ¿Cómo entiendes hoy el papel de la profesión en ese entorno en constante evolución? ¿Dónde crees que puede aportar más valor la mirada enfermera en el ámbito tecnológico?
La enfermería ocupa un lugar absolutamente estratégico en esta transformación digital porque nuestro núcleo profesional sigue siendo el mismo: la promoción y la protección de la salud, y eso nos sitúa en la base de todas las necesidades de cuidados de la población. Desde ahí, nuestra mirada se vuelve esencial a la hora de valorar qué herramientas tecnológicas tienen impacto real, cuáles mejoran procesos y cuáles pueden generar riesgos.
La tecnología no es neutral, hay que saber interpretarla, validarla y adaptarla. Por eso creo firmemente que la enfermería tiene que ser gestora y auditora de las nuevas soluciones que llegan, ya hablemos de inteligencia artificial, machine learning, apps de autocuidado o plataformas clínicas. No podemos delegar esa responsabilidad. Para garantizar una salud digital segura, equitativa y centrada en el paciente, necesitamos comprender bien cómo funcionan estas herramientas, qué sesgos pueden arrastrar, cómo afectan a la toma de decisiones y qué implica su uso en términos de privacidad, accesibilidad o seguridad del paciente.
En ese sentido, la tecnología avanza muy rápido, pero la clave es cómo la traducimos y la integramos en la realidad asistencial. Ahí la enfermería aporta un valor único: detectar necesidades reales, transformar problemas en soluciones operativas y asegurarnos de que cada herramienta responda a criterios éticos, de calidad y de utilidad clínica. Para mí, ese es uno de los grandes retos y, a la vez, una enorme oportunidad para la profesión.
Uno de tus primeros desarrollos fue una aplicación que agrupa las principales escalas clínicas de Atención Primaria. ¿Qué necesidades detectaste en la práctica asistencial diaria que te llevaron a crearla y cómo ha sido su acogida entre los profesionales?
En el día a día utilizamos muchas escalas, pero me encontraba con que las disponibles en algunas plataformas no siempre eran las más adecuadas para mi consulta o no se ajustaban del todo a los consensos más actualizados. A veces tenía herramientas en la historia clínica electrónica, pero no eran exactamente las que mejor representaban la realidad de mis pacientes ni las que yo consideraba más rigurosas desde un punto de vista metodológico.
A partir de esa necesidad nació la propuesta de unificar, en un solo espacio, las escalas realmente útiles en Atención Primaria, las que tienen evidencia detrás, las que están alineadas con las guías actuales y las que reflejan la práctica clínica real.
La acogida ha sido muy buena desde el principio. Muchos compañeros me han enviado sugerencias, propuestas de mejora y comentarios que reflejan exactamente lo que buscaba, que la herramienta fuese viva y que naciera del trabajo colectivo. Ese intercambio constante ha sido fundamental para consolidarla y demuestra que la necesidad existía y que esa utilidad práctica es lo que más se valora.
Estás muy implicado en la formación sobre inteligencia artificial aplicada a la salud y la seguridad del paciente. ¿Cómo estás enfocando esos talleres?
Intento trasladar una visión muy práctica de la inteligencia artificial aplicada a la salud. Evito la idea de que es algo lejano o demasiado complejo, porque en realidad ya forma parte de nuestro día a día, y lo importante es saber utilizarla con criterio clínico, con ética y con seguridad para el paciente. Me centro mucho en acompañar a los profesionales para que entiendan qué pueden hacer hoy con estas herramientas y cómo integrarlas de forma responsable en su práctica.
Las barreras suelen aparecer en forma de miedo o de falta de confianza. Muchos compañeros creen que necesitan una base técnica muy avanzada y eso genera bloqueo. Sin embargo, cuando desgranamos ejemplos reales, revisamos casos aplicados a Atención Primaria y analizamos qué riesgos existen y cómo gestionarlos, empiezan a ver que la tecnología puede convertirse en un apoyo, no en una carga. También trabajamos el pensamiento crítico, la detección de sesgos y la importancia de validar siempre la información antes de tomar decisiones.
¿Qué barreras y oportunidades encuentras cuando introduces la IA en el contexto formativo enfermero?
Las oportunidades que ofrece la IA en salud son enormes y cada vez más claras. Permite agilizar la búsqueda bibliográfica, revisar artículos con más profundidad, mejorar la lectura crítica, traducir documentos complejos, automatizar partes del proceso de revisión y crear materiales educativos de una manera más eficiente. Todo esto ayuda a que los profesionales accedan a la evidencia con menos barreras y se mantengan actualizados sin una carga excesiva de trabajo, algo que en Atención Primaria es fundamental.
En mi caso, tengo la suerte de participar como docente en SaludIA Academy, donde imparto talleres relacionados con la búsqueda bibliográfica asistida por IA, la lectura crítica, la automatización de procesos, la revisión metodológica y la adaptación de contenidos. Es un entorno especialmente enriquecedor porque está planteado como un espacio verdaderamente interdisciplinar, con docentes de distintos ámbitos que aportan una mirada complementaria. Contamos además con asesoramiento jurídico especializado que ayuda a resolver dudas sobre privacidad, ética digital y uso responsable de datos, cuestiones clave cuando hablamos de tecnología aplicada a la salud.
Formar parte de un equipo así fue lo que me motivó a sumarme al proyecto. Me permite seguir formándome de primera mano, estar en contacto continuo con las últimas novedades y no perder nunca esa conexión con lo que está pasando en tiempo real en el campo de la salud digital. Y esa actualización constante es algo que después puedo trasladar a mis talleres, siempre con el objetivo de que la IA sea una herramienta útil, segura y realmente alineada con las necesidades de la práctica clínica
Recientemente has desarrollado varios GPTs personalizados como herramienta de apoyo clínico y educativo para profesionales de enfermería. ¿Cómo surgió esta línea de trabajo y qué posibilidades ves para estos asistentes en la práctica y la formación sanitaria?
Esta línea de trabajo surgió porque necesitaba herramientas capaces de contextualizar la información según el rol del profesional y la realidad específica de cada paciente. Las guías clínicas son fundamentales, pero no están pensadas para ser leídas por pacientes y, en ocasiones, tampoco resultan prácticas para el uso diario en consulta. Son extensas, técnicas y difíciles de adaptar a la diversidad de situaciones que encontramos en Atención Primaria. Un mismo documento no puede ofrecer las mismas recomendaciones a una persona que camina sin dificultad y a otra que utiliza una silla de ruedas, y esa brecha es la que muchas veces genera confusión o recomendaciones que no se ajustan a lo que realmente necesita cada individuo.
Los modelos de lenguaje basados en IA permiten crear asistentes capaces de interpretar la información de una guía y traducirla a escenarios concretos. Ese potencial es muy interesante porque facilita que los consejos se adapten mejor a la capacidad funcional, al contexto social, al nivel de comprensión o a las limitaciones de cada persona. Aun así, siempre insisto en que la clave está en la formación del profesional y en que sepamos identificar sesgos, límites o interpretaciones incorrectas que puedan aparecer. La tecnología puede ayudar mucho, pero la validación humana es imprescindible.
He desarrollado varios GPTs que trabajan en estas líneas. Algunos están centrados en ejercicio físico, otros en hábitos de vida, asesoramiento en metodología de acción comunitaria y otros en apoyo educativo, pero todos comparten la misma filosofía. La herramienta puede orientar, explicar y adaptar contenidos, aunque siempre debe ir acompañada por la revisión del profesional, que es quien garantiza que la recomendación final sea segura, adecuada y realmente útil para el paciente.
Has dicho que sueñas con una salud digital “útil, segura, ética y accesible para todos”. ¿Qué retos crees que tenemos por delante para lograrlo desde la enfermería?
Los retos son varios. El primero, que la tecnología esté realmente alineada con las necesidades asistenciales. También debemos garantizar que todas las herramientas digitales tengan una base ética sólida: equidad, privacidad, explicabilidad, y respeto absoluto a la seguridad del paciente.
Otro gran reto es la formación. Si queremos una salud digital accesible para todos, necesitamos capacitar a los profesionales. Por eso creo que la enfermería tiene la responsabilidad y la oportunidad de liderar esta transición.
Eres también miembro de la Comisión de Investigación del COE Ourense. ¿Cómo ves el futuro de la investigación enfermera vinculada a la tecnología?
Hoy es imposible entender la investigación sin una relación estrecha con la tecnología. Forma parte de todo el proceso, desde la búsqueda bibliográfica y la metodología hasta el análisis estadístico y la divulgación científica. Estamos viviendo una transformación que ya es estructural. La inteligencia artificial está democratizando el acceso a la información, facilita que cualquier profesional pueda localizar y analizar evidencia de forma mucho más ágil y, sobre todo, permite contextualizar contenidos según la realidad de cada paciente o cada entorno clínico. Esto abre un potencial enorme para la enfermería, que siempre ha trabajado desde la proximidad, la personalización y la comprensión integral de las necesidades de la población.
Además, la IA está acelerando la generación de conocimiento de una manera que hasta hace muy poco era impensable. La obsolescencia de la evidencia, que antes podía durar años, pronto será inferior a uno y, dentro de no mucho, incluso a cuestión de un clic. Esto supone un reto enorme, porque nos obliga a prepararnos para gestionar un volumen creciente de información y a desarrollar competencias que nos permitan diferenciar lo que es útil, lo que es válido y lo que realmente aporta seguridad al paciente. No es opcional. Es una necesidad profesional.
Desde la Comisión de Investigación del COE Ourense observamos un interés creciente en estudiar el impacto de estas tecnologías en la práctica enfermera, tanto en cuidados como en docencia o gestión. Lo más importante es que este interés no se queda en la teoría. El colegio ha demostrado una apuesta firme por la investigación y ha decidido financiar un servicio de apoyo metodológico externo a través de Biostatech, una empresa especializada en diseño de estudios, análisis estadístico y asesoramiento científico. Gracias a esta colaboración los equipos investigadores cuentan con apoyo experto que garantiza mayor rigor, mejores diseños y resultados más sólidos.
Esta inversión está permitiendo que muchos proyectos asistenciales, que nacen directamente del trabajo cotidiano de las enfermeras, puedan transformarse en investigaciones formales y generar conocimiento de calidad desde la práctica clínica. La combinación entre el impulso institucional, la metodología adecuada y el potencial de la IA está abriendo una etapa nueva para la investigación enfermera, mucho más ágil, más accesible y más conectada con las necesidades reales de la población.
Si tuvieras que elegir un ejemplo que muestre cómo la tecnología puede impulsar la investigación enfermera desde la práctica asistencial, ¿cuál sería?
Más que un único ejemplo, podríamos hablar de muchos. Desde sistemas de reconocimiento facial y de voz para verificar la identidad del paciente y su medicación, hasta modelos predictivos aplicados en unidades de cuidados intensivos para anticiparse a eventos clínicos. Pero si hay algo que de verdad va a transformar la investigación enfermera y asistencial, son las tecnologías que están cambiando la forma en la que accedemos, analizamos y aplicamos la evidencia científica.
Estamos entrando en una etapa donde vamos a poder revisar la evidencia en cuestión de segundos, generar revisiones sistemáticas casi automatizadas y diseñar cuidados con una base metodológica mucho más sólida. Herramientas como Elicit, Research Rabbit o Future House ya nos permiten hacer búsquedas bibliográficas más inteligentes, identificar vacíos de conocimiento, encontrar patrones en la literatura y, con todo ello, descubrir nichos reales de investigación directamente conectados con la práctica clínica.
El verdadero cambio va a venir en la forma en que implementamos cuidados con la máxima evidencia posible, de manera personalizada y ágil. Esto va a permitir que la enfermería se oriente aún más hacia una práctica basada en datos, pero sin perder su esencia humana y cercana.
Y si tuviera que elegir un área concreta, por defecto profesional, me quedo con la información y la docencia hacia los pacientes. Estamos en un momento en el que tenemos acceso a una cantidad enorme de conocimiento y, gracias a estas herramientas, somos capaces de filtrarlo, adaptarlo y traducirlo de forma clara y útil. Esa capacidad de hacer la información aplicable, comprensible y personalizada para cada paciente nos acerca a lo que debería ser una verdadera enfermería de precisión. No todo es protonterapia ni intervención farmacológica. Enfermería de precisión también es saber dar la recomendación exacta, en el momento adecuado, con el enfoque más humano posible. Y ahí, sin duda, es donde vamos a ver el mayor avance en los próximos años.

