Puede convertirse en el nuevo elixir de la juventud. Llamado GDF11, se trata de una proteína que se ha mostrado capaz de rejuvenecer el cerebro y los músculos -entre ellos, el corazón- en dos investigaciones coordinadas por la Universidad de Harvard (Estados Unidos).

Aunque los experimentos se han realizado en ratones, los investigadores recalcan que la misma proteína actúa en el cuerpo humano. El equipo de Harvard ha anunciado su intención de iniciar ensayos de un fármaco basado en esta proteína en personas voluntarias en un plazo de tres a cinco años. 

Estos ensayos no irán dirigidos en un principio a personas sanas que deseen retrasar su envejecimiento sino a personas que sufran enfermedades asociadas a la edad. Entre las posibles candidatas, los investigadores citan enfermedades neurodegenerativas como el alzheimer y la insuficiencia cardiaca. Si se confirman la eficacia y la seguridad del tratamiento, los ensayos se podrían ampliar más adelante a la prevención del envejecimiento en personas sanas.

Via: La Voz de Galicia

Investigadores de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB) han conseguido, por primera vez, revertir la pérdida de memoria en ratones con Alzheimer mediante la utilización de terapia génica y tras identificar la proteína que, si se bloquea, impide la consolidación de la memoria.

Via: infosalus.com

Cuatro personas con paraplejia son capaces de mover voluntariamente los músculos previamente paralizados como resultado de una nueva terapia que consiste en la estimulación eléctrica de la médula espinal, según las conclusiones de un estudio financiado en parte por los Institutos Nacionales de Salud (NIH, por sus siglas en inglés), y la Fundación Christopher y Dana Reeve, en Estados Unidos.

Los participantes, cada uno de ellos paralizados desde hace más de dos años, fueron capaces de flexionar voluntariamente sus dedos de los pies, los tobillos y las rodillas, mientras el estimulador estaba activo, y los movimientos han mejorado con el tiempo al combinarlos con rehabilitación física. Los investigadores involucrados en este trabajo, que se publica este martes en 'Brain', dicen que la terapia tiene el potencial de cambiar el pronóstico de las personas con parálisis, incluso después de años con la lesión.

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Fuente: El Mundo

Beatriz Figueroa, periodista y abogada, tuvo la mala suerte de ser diagnosticada de cáncer de mama mientras se encontraba en paro. La doble mala suerte que suponen la enfermedad y los vericuetos administrativos de la Seguridad Social en España. Su caso ha logrado recoger ya más de 350.000 firmas en España y ha llevado al BNG a presentar una Proposición de Ley en el Congreso de los Diputados para mejorar la protección laboral a los pacientes con cáncer y otras enfermedades crónicas.

Como ella misma explica desde Vigo, después de agotar la prestacción por desempleo que le correspondía tras 20 años trabajando, pasó a percibir un subsidio de 426 euros. "Ésta es la tarifa plana de la Seguridad Social por incapacidad temporal si estás en el paro, independientemente de los años que hayas cotizado o de tu base de cotización", explica. "Esa cantidad es el 80% del llamado IPREM, indicador de rentas múltiples, y es menos incluso que el salario mínimo interprofesional". Este martes entregará las firmas recogidas ante el Congreso de los Diputados.

Ese subsidio se revisa al año y es prorrogable hasta los 18 meses, "pero pasado ese tiempo, te dan el alta o te valoran para una incapacidad, algo que en la actualidad la Administración está rechazando a muchos pacientes con cáncer, como he podido comprobar en estos meses". Por eso, la proposición que se va a debatir próximamente en el Congreso pide que se conceda a los pacientes con cáncer u otras enfermedades crónicas la incapacidad permanente de oficio, al menos hasta que sus revisiones médicas pasen a ser cada seis meses, "un criterio médico que indica que, al menos, el riesgo de recidiva se ha aminorado", prosigue Beatriz. Esta petición no sólo beneficiaría a los pacientes con cáncer en paro, sino también a quienes se encuentran de baja médica, "porque a veces tienen presiones de sus empresas para que se incorporen a su puesto".

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El Centro de Investigaciones Oncológicas desvela la paradoja de por qué una enfermedad ahuyenta la otra

Un centenar de genes intervienen en ambas

Fuente: El País

El cáncer protege del alzhéimer (en general, de enfermedades del cerebro y del sistema nervioso central), y viceversa. Esta curiosa paradoja, que durante años ha desconcertado a oncólogos, psiquiatras y neurólogos, ya tiene una explicación; y está en los genes. Científicos del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO) dirigidos por Alfonso Valencia se han sumergido con herramientas informáticas en el ADN de 1.700 pacientes y han identificado un centenar de genes responsables de esta asociación, lo que representa la evidencia molecular más contundente de la relación excluyente entre tumores y enfermedades neurodegenerativas y su efecto protector cruzado.

Distintos estudios ya habían observado una menor incidencia de casos de cáncer entre enfermos de alzhéimer, párkinson o esquizofrenia. En los pacientes con alzhéimer, por ejemplo, el riesgo de un tumor es un 42% inferior. Entre personas con esquizofrenia, la relación a era aún más llamativa, como destaca Rafael Tabarés, catedrático de Psiquiatría de la Universidad de Valencia y cofirmante del estudio. “Algunas de estas personas son grandes fumadores y, comparativamente, padecen menos tumores de pulmón de lo que sería esperable por este hábito”, lo que desconcertaba aún más a los investigadores.

Anteriormene se habían planteado distintas hipótesis para describir la vinculación inversa entre estas enfermedades aparentemente tan dispares, pero no había ningún estudio que mediante pruebas analíticas hubiera llegado a construir un relato suficientemente sólido. Hasta el trabajo publicado este jueves por la revista PLOS Genetics. 

Para llegar a ello, los investigadores del CNIO cruzaron mediante herramientas bioinformáticas los datos de expresión genética de casi 1.700 personas procedentes de 30 estudios sobre enfermedades del sistema nervioso central (SNC): alzhéimer, párkinson y esquizofrenia, y los de trabajos sobre tres tipos de cáncer (colon, pulmón y próstata). Como resultado de esta operación encontraron un centenar de genes que intervenían en los dos tipos de enfermedades, aunque de forma distinta.

Los investigadores han buceado en los datos de 1.700 pacientes

Había 74 genes cuyo comportamiento se encontraba reprimido en personas con enfermedades del SNC pero sobreexpresado (trabajando en exceso) en las personas con alguno de los tres tumores analizados. En otros 19 genes se daba el caso contrario: presentaban una mayor actividad en enfermedades como el alzhéimer y una expresión reducida en afectados por cáncer.

“Hasta el 90% de los procesos biológicos que aparecen aumentados (acelerados por una mayor expresión de los genes) en el caso del cáncer están reprimidos en las enfermedades del sistema nervioso analizadas”, destacan los investigadores del CNIO Cesar Boullosa y Kristina Ibáñez. Esto sugiere que los mismos mecanismos celulares que disparan el cáncer podrían estar protegiendo de sufrir alzhéimer, y al contrario.

Entre la lista de genes identificados se encuentra el PIN1, relacionado con el proceso de plegamiento de las proteínas y que, a pequeña escala, reproduce el hallazgo de los investigadores del CNIO. Si se encuentra sobreactivado acelera el metabolismo celular, lo que se vincula con el desarrollo de tumores. Pero, simultáneamente, protegería del alzhéimer ya que impide el funcionamiento normal de la proteína TAU, y esta tiene un papel clave en la neurodegeneración y, en concreto, su acumulación se asocia a esta patología que daña a las neuronas.

Sin embargo, el mecanismo descrito por los investigadores no es siempre tan lineal, y tiene mucho más que ver con procesos biológicos más complejos y de acción de los genes.
El trabajo pone sobre la mesa otra cuestión cada vez más presente entre los investigadores: plantea una raíz común entre unas patologías en teoría tan distintas como los procesos neoplásicos y los neurodegenerativos.

Hay medicamentos que tienen efecto en ambos tipos de enfermedades

Esta cuestión ya la han abordado otros investigadores que hablan de las enfermedades neurodegenerativas y el cáncer como dos caras de una misma moneda: la alteración de mecanismos celulares básicos a lo largo del envejecimiento. Es decir, sostienen que la senescencia es en sí misma una enfermedad, más allá de que sus manifestaciones puedan ser enfermedades oncológicas o neurodegenerativas, como sostiene Massimo Musico, un investigador italiano que advirtió —a partir de la observación de 200.000 casos— que el alzhéimer protege del cáncer.

Esta relación se basa en los controles que fallen en la regulación de la proliferación y la muerte celular. Así, puede haber un desequilibrio en un sentido —desarrollo incontrolado de los tejidos en el caso del cáncer— o en el otro —problemas con la muerte celular programada y la reparación de lesiones, en el caso de enfermedades neurodegenerativas—.
La expresión de estos desajustes se manifiesta con el comportamiento genético descrito. Pero su origen es más complicado de determinar. En el caso de la esquizofrenia, por ejemplo, se desconoce si la protección frente al cáncer se debe al propio mecanismo que desencadena la enfermedad o si es la medicación —de carácter crónico, se consume durante años— que se administra para combatirla la que tiene esta función antitumoral, como advierte Alfonso Valencia. “En todo caso, el mecanismo final sería el descrito, ya fuera porque la propia enfermedad reprimiera la expresión de un gen o si fuera debido al consumo de un fármaco”.

De hecho, como apunta Rafael Tabarés, se ha observado que algunos fármacos, como, por ejemplo, antipsicóticos de la familia de las fenotiazinas —usados para tratar la esquizofrenia—, tienen efectos anticancerígenos. De ahí que los investigadores planteen que la asociación genética descrita en el trabajo entre tumores y enfermedades del sistema nervioso podría ser aprovechada en beneficio de ambos tipos de pacientes. “Podría abrir la puerta a la utilización de fármacos antineoplásicos para tratar algunas dolencias del sistema nervioso y a la inversa” plantean los investigadores del CNIO.

 

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