Cada 21 de septiembre se conmemora el Día Mundial del Alzhéimer, una dolencia en la que las atenciones de enfermería son fundamentales, para paciente y cuidador.

carmen alzheimerBuena cuenta de ello puede dar Carmen Ananín, profesional de Enfermería con casi cuatro décadas de experiencia, tres de ellas en Atención Primaria en el centro de salud Nóvoa Santos de Ourense.

Cerca de 46 millones de personas en el mundo padecen alzhéimer, una enfermedad neurodegenerativa que afecta a la memoria, pero también al carácter o la movilidad. Tan solo en España 1'2 millones de personas se encuentran afectadas.

Una de las claves para enfrentarse a esta dolencia reside en la detección temprana. En esta primera fase ya entra en juego la labor de Enfermería. Carmen explica que en su consulta pueden comenzar a identifica “olvidos, despistes, acuden a las citas en días equivocados, no saben por que acuden a la consulta, comentan olvidos... detalles que dan la primera alerta. Es entonces cuando los derivamos a su médico de cabecera para que se les practique un test cognitivo y realizar el diagnóstico”. Porque, incide Carmen, el alzhéimer es un tipo de demencia que, aunque en muchos casos sí esta vinculada a la edad, hay otros casos de personas jóvenes que también la padecen.

Una vez detectada la enfermedad, las primeras recomendaciones de los profesionales de Enfermería se encaminan a “fomentar el autocuidado”, explica. Se trata de “intentar que en las primeras fases sean los propios pacientes los que se cuiden ellos mismo en la medida de lo posible, que se mantengan activos, se vistan ellos mismo, tomen su medicación, cuiden su higiene y se alimenten por su propia mano”. Para ello, aportan una serie de consejos para que todo esto sea más factible. “Se recomienda que retiren las alfombras de casa para evitar tropiezos, que elija bien el calzado, con suelas adecuadas, cierres con velcro para que sean más fáciles de colocar, ropa cómoda...”.

Según avanza el azhéimer, el deterioro es mayor y el cuidador -familiar o no- es el que asume la mayor parte de las atenciones que requiere el enfermo. Por eso desde Enfermería también ofrecen apoyo en este sentido. “Por un lado se le da información a cerca de ciertos tipos de cuidados, como pautas de alimentación, prevención de heridas, mantenimiento de la movilidad posible o mecanismo de aseo e higiene” señala Carmen. Además “se les pone en contacto con la asistenta social, se hace la valoración del paciente para determinar su grado de dependencia y se les informa de las ayudas a su disposición”, ya que con el avance de la enfermedad comienzan a necesitar equipamiento específico: andadores, sillas de ruedas, camas, centros de día, centros sociosanitarios, ayuda a domicilio...

Y todo esto se completa con las atenciones y curas que enfermeros y enfermeras realizan en la consulta y visitas a domicilio.

CUIDAR AL CUIDADOR

Degenerativa y larga. Así es el alzhéimer, unas características que conllevan un gran desgaste para los cuidadores, que también necesitan atención. “Un cuidador que no está cuidado no puede cuidar”, comenta Carmen. Para ello es fundamental que preste atención a su propio cuidado de manera integral, con especial atención a las horas de descanso. “En ciertas fases con agresividad de la enfermedad, el paciente intenta salir de casa, tratan de levantarse durante la noche, gritan, no conectan con la realidad. Pero el cuidador debe buscar apoyo, utilizar todo los medios a su alcance para poder lograr sus horas de descanso”.

La carga psicológica para el cuidador también es una cuestión que requiere especial atención. “Ver como, por ejemplo, un padre o una madre ya no te reconoce es muy duro y los episodios de agresividad son otro de las fases más complejas”. Ante estos brotes “deben acudir a su médico para que reajuste la medicación y tener mucha paciencia, evitar llevarles la contraria, hablarles suavemente y ser conscientes de que sus actos son fruto de la enfermedad”.

PROFESIONALES DE ENFERMERÍA

Al tratarse de enfermos crónicos, la relación entre paciente y profesional de Enfermería es muy cercana y familiar. “Lo más duro llega cuando a ti tampoco te reconoce un paciente al que llevas tratando durante más de 20 años”, reflexiona Carmen. En el otro extremos, “la mayor satisfacción llega cuando ves que se logra retrasar el deterioro lo más posible”.

Y es que la realidad a la que se enfrentan día a día conlleva “tratar con pacientes más complejos ante una población más envejecida y con unos recursos cada vez más limitados.

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