Ourense, 31 de marzo de 2021 | Justo un año después del primer día de confinamiento, Trinidad Guerra Gómez, enfermera de la unidad de Reanimación-Covid del Hospital Universitario de Ourense (CHUO), se sienta a hablar con nosotros sobre lo que han supuesto estos doce meses de pandemia en primera línea, viendo al virus actuar en directo. Y lo primero que quiere dejar claro antes de empezar es que todo lo que nos cuente forma parte de su experiencia exclusivamente: «Mi visión no es la que tiene todo el mundo: veo lo bueno y lo malo e intento ponerme en el lugar del otro. No pretendo contar la verdad absoluta ni mi opinión es la de todos mis compañeros», dice.

Trinidad terminó su formación en el año 1994 y ya sus prácticas fueron en la unidad de Reanimación. «Cuando empiezas que tienes pequeños contratos y estás en las listas de Pull, ves otros servicios. Yo trabajé en Urgencias, en Cirugía y en más sitios, pero reconozco que lo que realmente me gusta y donde realmente me siento bien es en Críticos y en REA. En lo quirúrgico», comenta. Y allí lleva los últimos veinte años: entre las camas de los pacientes de REA del hospital ourensano.

Hace un año, la pandemia la pilló allí también y dice recordar perfectamente cómo fue aquel primer paciente de Covid-19 que tuvo que atender llena de miedo: por lo desconocido, por no estar segura de haberse puesto bien el EPI, por todo lo que sospechaba que se les venía encima, aunque aún no fuese muy consciente en ese momento.

Pregunta: ¿Cómo y dónde te pilló el inicio de la pandemia?
Respuesta: En REA. Era una sospecha de Covid en un postquirúrgico. Recuerdo que ingresó de noche y a mí me tocó entrar de mañana con la médico. Entramos allí las dos y parecía irreal, una sensación de irrealidad impresionante.

Luego ya fueron ingresando más. Ingresaban en UCI porque era la unidad de referencia de los Covid, por ser pacientes de neumonía bilateral, que ingresan en el servicio de UCI que es un servicio médico, donde se atiende este tipo de paciente. Pero se desbordó evidentemente, no llegó.

P:¿Qué tipo de pacientes atendéis vosotros en la unidad entonces? ¿Cuántas compañeras/os sois?
R: En la unidad atendemos, fundamentalmente postquirúrgicos críticos, tanto sean vasculares, neuroquirúrgicos, cirugías abdominales extensas y graves, como los politraumas. En este momento, todo lo que son accidentes, laborales, de tráfico, caídas... van a REA.

Nuestra unidad tiene 14 camas, de las cuales 2 son ‘virtuales’: son camas que no están dotadas de personal. Realmente esos huecos se utilizan, fines de semana y noche para atender despertares de quirófano. Por lo tanto, lo máximo de nuestros pacientes serían 12 personas. Y somos 5 enfermeras por turno, más los compañeros Técnicos en Cuidados de Enfermería, que hay 4 de mañana, 4 de tarde y 3 por la noche.

P: Así que, cuando comentabas que se había desbordado el servicio de UCI, vuestra unidad tuvo que acoger a pacientes Covid también, ¿no?
R: Lo que nosotros tenemos como URPA (la Unidad de Recuperación Postanestésica) se habilitó para meter allí a todos los enfermos Covid. Lo que se llamó la URPA-Covid, fue atendido por personal de UCI y de REA, que rotábamos por turnos.
UCI rotaba entre la URPA-Covid y la UCI. Y REA rotaba entre la REA, que seguía atendiendo a los posibles casos y a los positivos; la URPA y hacíamos también turnos de limpio - turnos sin EPI - en la UCI.

P: Durante esa primera ola, que todo era nuevo y que los protocolos cambiaban cada día, ¿cómo lo fuísteis gestionando?
R: Fue un poco desorden, un poco estresante, desorganizado. Al principio, mi sensación al entrar allí era de una despersonalización bestial. Ver a los pacientes boca abajo a la inmensa mayoría, sin cara... Tú entrabas allí y veías cuerpos en una cama, bombas, monitores pitando... Yo tenía la sensación de tapar parches: pita una bomba, voy; pita un monitor, lo atiendo, pero no tenía sensación de dominio de la situación. Aquello era algo nuevo y poco a poco sí que fuimos mejorando, lo fuimos controlando.

Yo estoy acostumbrada a que los pacientes estén dormidos pero viene su familia a verlos y te cuentan cosas: si tiene nietos o hijos, si trabaja en esto, si le gusta aquello, si es nervioso... No hablas con ellos pero tienes una percepción de su entorno. Allí, aquello era tan triste que salía con ganas de llorar. Nuestra profesión es todo lo contrario, tiende a humanizar, por lo que aquello era algo horrible. La situación de verlos morir allí, sin nadie... A nivel emocional fue muy devastador, muy impactante.

P: ¿Y cómo os organizábais entre compañeros de distintas unidades?
R: Al ser personal de distintos servicios todos juntos, cada uno con su forma de trabajar, sus criterios, sus manías... podían surgir conflictos: con los médicos, con los ucistas, que no solemos trabajar con ellos. Los anestesistas trabajan de una manera, ellos de otra... quedó muy patente que, siendo dos servicios de críticos, se trabaja muy diferente.

Y fue gracias al personal, que puso de su parte todo lo que pudo para acoplarse y llevar todo a buen término, para que esas diferencias no empeoraran el problema, sino que lo solucionaran. Enriquecerse un poco unos de los otros y decir: “Ah, pues esto yo no lo hago así pero veo que puede estar bien”. En general, fue una situación muy dura en la que se salió adelante.

P: ¿Os imaginábais algo así cuando se empezaba a oír hablar de que en Madrid ya había casos o cuando hubo el primer paciente en A Coruña?
R: En absoluto. Además en principio, por ser enfermos de UCI, esta era una pandemia que al personal de REA no le iba a tocar. Y salvo la primera ola que nos la comimos las dos unidades; tanto durante los picos de la segunda como la tercera ola, el grueso, lo atendimos nosotros. Se cerró la unidad de Reanimación para Covid y lo atendimos nosotros con el personal desplazado de otros servicios. Es cierto que UCI ha tenido pacientes Covid de forma más continuada en el tiempo, porque los pequeños brotes los han tenido siempre, pero en los picos vinieron para nosotros con gente de apoyo. Que gracias a ellos que hicieron un trabajo... Personal fijo, mucho más antiguo que yo, abandonó sus unidades y vinp a reforzarnos junto con el personal contratado.

Se cerraba nuestra unidad y allí era todo sucio: volvíamos de nuevo a la URPA-Covid sin serlo. Pero bueno, después de la primera oleada, se aprendió mucho. Yo recuerdo la primera vez que teníamos que pronar a un paciente Covid - darle la vuelta, ponerlo boca abajo - aquello era... Y hoy en día, ya sabemos cuántas personas hacen falta, dónde hay que ponerse, cómo hay que montar la cama, cómo hay que darle la vuelta, cómo hay que colocarle la cabeza para que no haga heridas.. quiero decir, en cuidados, se avanzó muchísimo y se aprendió. Es de lo poco positivo que yo le veo en esta situación.

Es como el manejo de ponerte el EPI y de quitártelo: al principio necesitabas que alguien te estuviese mirando porque no eras consciente de dónde te tocas ni nada, ahora sí. No necesitas tanto el apoyo en eso, lo necesitas en otras situaciones.

P: Hubo un gran aprendizaje acelerado, ¿no?
R: Te pongo un ejemplo de ese primer día que entré a atender a un paciente Covid: entré, hicimos el aseo, el médico estuvo haciendo sus cosas, yo me quedé allí por si me necesitaba para algo. Y yo, hubo un momento que empecé a notar dolor de cabeza, me entró calor, estuve así mareada, que me echó el anestesista que me dijo: “salte del box porque te vas a caer al suelo”. Y estuve mareada el resto de la mañana.

¿Qué pasa? Yo en aquel momento no identificaba lo que estaba pasando, yo pensé que serían nervios pero no, aún no sabía que al ponerme las gafas de protección, que me apretaban, había un momento que tenía que salir y quitármelas 5 minutos, y así evitaba marearme. Todo ese manejo se fue adquiriendo a lo largo del tiempo, en eso hemos ganado una gran experiencia. En técnicas y en predecir lo que le puede pasar a un paciente, que al principio no lo identificabas, y con el tiempo ves cosas que te indican que alguien puede empeorar, que es mejor que vayas llamando ya al ucista, por ejemplo.

P: ¿Crees entonces que se pudo haber previsto que necesitaríais saber poneros los EPIs y otras técnicas para iros formando cuando se empezaron a ver los primeros casos en el país?
R: La formación se hizo tarde, cuando ya estaba el virus en Madrid, que aún lo veíamos lejísimos. Aquí siempre fuimos más tarde y no mejor, precisamente. La formación se estaba dando cuando ya estaban los pacientes Covid allí. Eso no te da margen de ensayo: fue ensayo-error y aprender sobre la marcha. Además, era todo desconocido, no sabes a qué te enfrentas, ni nosotros ni nadie.

Pasamos de prohibirnos llevar las mascarillas, como pasó en este hospital que se nos prohibió usar la mascarilla quirúrgica dentro del centro de trabajo; a que ahora te digan que lleves la FPP2 durante todo tu turno de trabajo. O sea, hemos vivido un año con muchos cambios en las decisiones administrativas, en las decisiones de gerencia y de Medicina Preventiva; supongo que en base a que todo ha ido evolucionando, se han ido conociendo más cosas, etc. Pero bueno, tarde.

P: ¿Os prohibían usar las mascarillas porque no había falta de ellas o cuál era el motivo?
R: La prohibición era porque no había y porque nos decían que creábamos una falsa sensación de alarma, que después se vio que era algo necesario y justificado. Y entonces claro, ahí ya empiezas a tener roces importantes.

Cuando empezamos a tener contacto con pacientes que ingresaban y no se sabía que eran positivos y después daban positivo, las primeras veces, todos los que habían estado en contacto con ese paciente tenían cuarentena y PCR. Cuando ya fuimos un montón – porque evidentemente íbamos sin mascarilla y sin protección, y cuando te dabas cuenta, habías estado todo un turno con un paciente positivo – ya decían: “Bueno, si te pones mala ya veremos”. Quiero decir, fue todo un poco improvisado, sin criterios claros, sin unos protocolos claros, sin saber muchas veces lo que tenías que hacer ni cómo, sobre la marcha. Entonces, evidentemente, situaciones fáciles sobre la marcha, salen; pero situaciones como esta, es complicado salir.

P: Después de esos meses duros y complicados, ¿qué pensásteis cuando con el inicio del verano se volvió prácticamente a la normalidad? ¿Y cuando a mitad de verano se veía que la cosa volvía a empeorar?
R: Angustia. Tenemos mucho cansancio, porque es volver a empezar de nuevo. Porque cuando te enfrentas a la primera ola, la angustia era: “Dios mío, pero si ahora vuelve otra, esto no se va a acabar”. Y ya después la tercera...

Y ahora estamos esperando la cuarta. Quiero decir, que el problema no ha sido tanto el momento puntual grave, sino que no le ves fin. Porque luego sales a la calle y ves comportamientos que parecen mentira. Nadie quiere que se vuelva a un confinamiento pero a veces parece que es la única opción que hay para que la gente realmente respete las normas.

Y se vivieron situaciones tan duras, y estamos tan cansados de muchas cosas, no solo por el Covid, llegamos a un nivel de cansancio, de desilusión... Yo te hablo por mí: si me preguntas cómo estoy en este momento, te digo que agotada, muy decepcionada con muchas cosas, e impotente, porque no ves manera ahora mismo de que esto pueda mejorar. Ojalá me equivoque. Siempre digo que ojalá me equivoque.

P: ¿Decepcionada por qué? ¿O con quién?
R: Estoy decepcionada a todos los niveles. El Covid para mí, lo que hizo fue destapar la caja de Pandora, como se suele decir. A todos los niveles: desde los gobiernos de los países, la política, lo social... Aún me acuerdo cuando la gente salía a aplaudir y yo pensaba: “pues yo no necesito que me aplaudan”.

Yo no necesito que me aplaudan porque es mi trabajo: yo escogí ser enfermera y decidí trabajar en esto y entonces tengo que asumir que me voy a tener que enfrentar a estas situaciones. Quedó claro y patente que la gente solo salía a aplaudir porque se aburrían y porque era una forma de socializar con el de enfrente, porque después, enseguida se nos criticaba en comentarios por las redes sociales y otras cosas que se oían en los medios de comunicación que son medias verdades. Por ejemplo, salían cosas del hospital de Ourense que, yo no voy a decir que eran mentira, pero sí medias verdades. Me generaba un enfado que ni siquiera en mi casa era capaz de gestionarlo.

Decepcionada con la gestión de este hospital en concreto, yo no voy a hablar ni de otros hospitales que no conozco, no voy a hablar ni siquiera del resto de este hospital; hablo de mi unidad. Y como te decía, se destapó la caja de Pandora y este ya era un servicio que estaba en déficit de personal, era un servicio que estaba al límite.
Para ponerte un ejemplo: nosotros en las huelgas, el 100% del personal es mínimos, nadie puede ir a la huelga, lo cual quiere decir que algo pasa. Si tu vas un poco holgado, si surge una situación de estas, tienes de dónde tirar. Cuando ya estás al límite, no hay. Y la unidad de Reanimación ya estaba justa y con esto, se vio desbordada. No nos sentimos para nada escuchados, se les dieron opciones de gestionar, de hacer... No escuchan, es el sí porque sí, el “porque lo digo yo”. Hablas con gente y te dicen: “es que hay cosas que tú no sabes”, pues muy bien, yo no las sé pero, o me las explicas, o asumes que yo te valore en función de lo que yo sé y de lo que yo veo.

P: ¿Se pudo hacer mejor, a nivel de gestión sanitaria?
R: Totalmente. Ha sido un machaque importante hacia el personal y hacia la unidad. Se les daba opciones de hacer las cosas de otra manera, se les pedía personal o se les daba ideas de cómo gestionarlo y no querían, o no les apetecía; o a lo mejor, efectivamente no tenían de dónde tirar.

Pero si no tienes de dónde tirar, tampoco puedes salir en las noticias diciendo que tienes 60 camas de críticos, ¿no? Tienes las camas, los huecos, pero no tienes a quien debe atender esas camas en las condiciones que un paciente crítico necesita. Y la situación ha salido adelante gracias al personal, única y exclusivamente. Gracias a que la gente se ha dejado allí, todo. Y esto lo vamos a ir pagando más adelante, porque ahora estamos con la adrenalina todavía subida, en tensión por si viene la 4º ola... pero la gente tiene problemas de insomnio, de estómago, de diarrea, cefaleas, hemos perdido vista...Y yo creo que será peor cuando aflojemos, cuando realmente podamos mirar atrás y hacer balance. Nos vamos a pegar el batacazo y surgirán las bajas y el problema real de que la gente va a estar mal.

Hemos pedido valoración psicológica, lo menciono porque también salen en las noticias destacando que el hospital ofrece un servicio de atención psicológica para el personal; pero no llegas a ese servicio. De todo el personal de la unidad que solicitó ese servicio y fue a la valoración previa, ninguno superó ese primer cribado. Ninguno llegó a ver al psicólogo. Quien filtra, dice que estamos perfectos. Entonces, no se puede sentir otra cosa que decepción con todo.

P: ¿Y cómo crees que se podría mejorar esa situación?
R: Estamos en un momento en que yo creo que deberíamos hacer un reseteo y volver a empezar las relaciones a todos los niveles. Deberíamos tomárnoslo como un punto de inflexión. En mi unidad y en lo que a mi trabajo se refiere, estamos en un nivel de crispación, de conflictos con la gerencia, con la dirección (de Enfermería) que tenemos que rebajar.

Cosas como la situación de la última limpieza de la unidad de REA: fumigaron la unidad con gente trabajando dentro y con pacientes. Que ha ido la Inspección de Trabajo y nos ha dado la razón, diciendo que estaba mal hecho pero, ¿qué pasa? Que les van a hacer una advertencia a la dirección. ¿Y a nosotros de qué nos sirve la advertencia? Quiero decir, que todo eso te va minando, llueve sobre mojado. Llega un momento en que vas a trabajar pensando por dónde te va a caer. Y no escuchan, y tienen gente... hace 25 años que conozco esta unidad y los profesionales que tienen allí, vamos, increíbles.

P: ¿Crees que se valora realmente todo lo que hacéis, vuestro trabajo?
R: Mira, yo muchas veces me he sentido, y seguro que mis compañeros estarán de acuerdo, como piezas de ajedrez. A ver dónde la pongo para que la jugada salga bien. Y siempre al límite. Y qué pasa, que siempre ganan porque al final, si tienes que quedarte una hora más, te quedas. Si tienes que quedarte sin la hora de descanso de EPI, pues te quedas.

Yo salía a mi hora de descanso de EPI y me iba a trabajar a la URPA. Porque nuestros enfermos, los de REA, estaban en lo que había sido la URPA-Covid al principio, en un espacio que ni es el adecuado ni sabes dónde están las cosas, con el personal muchas veces sin experiencia y nuevo. Tú tienes que asumir lo tuyo y lo de al lado, controlándolo todo... yo muchas veces me pasaba mis horas allí. Ayudando a que aquello saliese adelante.

Y no pasaba nada porque solo importa el Covid. Y no, esos pacientes también tienen que estar en las mejores condiciones. Y había momentos en los que no se daba. Se dio porque la gente se quedaba fuera de turno, en su hora de descanso de EPI se iba a trabajar al otro lado y a echar una mano.

P: ¿Además de personal tuvisteis problemas de material?
R: No, en el material se mejoró mucho. Yo no he tenido falta de material y eso también hay que decirlo. Yo he pedido una mascarilla, la he tenido; he pedido un EPI, lo he tenido. En eso no puedo decir que no lo tuvimos. Pero sí que eché en falta otras cosas.

Hubo tardes de salir y decir, dónde estoy, en qué box estoy, con qué enfermo estoy... y así no puedes dar calidad de asistencia, es imposible. Entonces, entiendo que haya que ahorrar, pero también hay que fiarse del personal que está todos los días en esa unidad... Que estamos manejando esos pacientes y que te estamos diciendo que estamos desbordados. Tienes que escucharnos, como mínimo.

Y tienes que darnos unos argumentos muy fuertes, muy sólidos, que justifiquen las acciones que haces. Y no los tienen. No los tuvieron en la dotación – que no siempre estuvimos en déficit – pero en los momentos más críticos, de 14 pacientes en la REA, nos llegaron a decir: “hay estos enfermeros y no vais a tener más, poneros como os dé la gana”. Eso no es un criterio, yo no soy gestora, pero diría que eso no es un criterio.

Ahora, cuando mostramos nuestra disconformidad por cómo se hacía la limpieza, la gente de Preventiva nos decía: “no sabéis lo que trabajamos por vosotros”. Y la dirección igual, vas a hablar con ellos y te dicen: “es que nos volvemos locas para que estéis bien”. Entonces yo pienso que tienen un grave problema. Si trabajan tanto y a nosotros no nos llega nada, es que tienen un gravísimo problema, porque lo están haciendo fatal. Si tú te esfuerzas al 100% y en tu trabajo no se refleja, no sirve de nada. Y creo que a ese nivel también está ya todo el mundo muy decepcionado.

P: La relación con la gerencia del hospital no es la mejor entonces...
R: Yo me siento maltratada como profesional. Y creo que nosotros ya no escuchamos lo que nos dicen, ya estamos esperando la bofetada, digan lo que digan, ya lo veo mal. Y la otra parte, está exactamente igual. Por lo que, es un momento bastante complicado.

¿Que hay veces que tenemos 5 pacientes en toda la unidad? Evidentemente. ¿Y que después, como todo se reduce a números, al final de año se hace una media y compensan unos por otros? Pues sí. Pero esa no es la realidad. La realidad diaria es de sobrecarga, que ya lo era antes, y con esto, ha quedado al descubierto completamente.

Yo creo que en este caso en toda la sanidad pública, en todo el país, se ha visto que estamos en precario. Y cuando uno está en precario, no puede asumir un sobreesfuerzo como ha sido este. Yo entiendo perfectamente que no se pueda dotar siempre para máximos pero tampoco ajustando siempre a mínimos...

Es una gerencia que no ha tenido empatía ninguna con el personal, que nos ha tratado como fichas de ajedrez: te muevo, te cubro; aquí hay un hueco así que quito esta y pongo la otra... Han ido haciendo un tetris con nosotros que le ha salido bien gracias al personal. Hay veces que hasta piensas, “si ahora ingresaran 5 personas más de repente... a ver qué hacíamos”. Porque estábamos en ese límite de que, si se daban más ingresos, aunque nosotros quisiéramos, no podríamos haber llegado.

Por toda esa sensación de decepción, de crispación, creo que es un buen momento para resetear y empezar de cero. Y como no lo hagamos, creo que el servicio de Reanimación lo tiene muy crudo ahora mismo. Y lo salva el personal. Y el grueso del personal que hay ahí se va a ir, porque es inviable aguantar ahí. Porque es un machaca continuo, profesionales como la copa de un pino, que saben que están haciendo su trabajo bien y que lo podrías hacer mejor, pero no das... es muy triste. Está siendo muy duro y no se nos está tratando bien como profesionales, esa es la realidad. Sse ha intentado tapar, tapar y tapar. Para sacar solo lo bonito.

1503 Trini REA1P: ¿Tiene solución esa relación?
R: La solución parte de que escuchen lo que le decimos. Creo que todos, desde el gerente hasta la última persona que pasa por la unidad, deberíamos hacer una autorreflexión y ver qué es lo que cada uno podría aportar para mejorar la relación. Ahora mismo es una relación muy viciada y tensa.

Yo entiendo perfectamente que todo esto ha sido una situación muy estresante para ellos. Pero ya hemos pasado la 1º ola que todo el mundo entiende y disculpa que no estuviéramos “preparados”. Pero es que ha venido la 2º, y ha sido improvisación total y absoluta. Y ha venido la 3º y porque nosotros ya estábamos rodados y sabes más o menos lo que te espera, y vas anticipándote. Y llegará la 4º y estarán igual, estarán esperando a ver si no llegamos los números, entonces así, en mi opinión, no se puede funcionar bien.

Por eso debemos volver a hablar unos con otros, ver lo que puede ser y lo que no. Y lo que no puede ser, que se explique por qué. Mira, de todas las enfermeras que somos en REA, habrá compañeras y compañeros que discrepen conmigo, que no estén de acuerdo y aporten otras ideas. Ponte que sacamos 50 ideas, y de ellas, 10 se pueden llevar a cabo. Pues ya vamos a conseguir algo, ¿no?

P: ¿Cuál sería una de esas ideas que sería necesario que escuchasen?
R: Llevamos pidiendo una enfermera de mañana a mayores, años. Que es algo que en casi todos los servicios de Críticos existe, esa persona a mayores que puede asumir en un momento dado ciertas tareas. No hablo de la supervisora, que ella ya tiene sus funciones, hablo de alguien a pie de cama que te pueda ayudar. Porque a veces, tú estás desbordada y miras a tu alrededor y piensas: “a quién le voy a pedir ayuda si los demás están dándolo todo”.

Y esas situaciones últimamente se viven mucho. ¿Que hubo gente que en la gestión también lo dio todo? Igual sí, pero no se notó, no nos llegó. Porque lo que te encuentras son respuestas del tipo: “Pero si ya estáis nosecuantos”. ¿Y qué importa eso? Es que no llega y lo que hay que hacer es traer a más gente. Y que si le quieres dar los cuidados adecuados al paciente es lo que se necesita. Porque para pronar, por ejemplo, necesitamos ser 6, entre auxiliares, médicos, todos. Para hacer una pronación bien hecha, sin ningún riesgo porque se trata de pacientes intubados, necesitas a esa gente. Y si estamos todos haciendo eso, ¿quién está mirando para los otros 13 pacientes? ¿No pasa nada? Pues tienen que estar todos los dioses mirando y vigilando porque hay veces que, de verdad, es imposible. Y eso nos ha pasado: estar pronando y de repente, ver a un paciente con el tubo en la mano, que se lo ha arrancado. Y a correr. ¿Y eso quién lo vive? Y si pasa algo, la responsabilidad es mía. Pues entonces, ellos también tienen que asumir la suya.

Igual que a mí me sancionan como corresponde si no cumplo con mi trabajo, a la gerencia se le debería exigir lo mismo, a dirección y a la supervisora. Si todo el mundo hiciera lo que tiene que hacer, irían mucho mejor las cosas. Por eso, creo que es necesario hacer ese apagón, ese reseteo, porque lo necesitamos.

P: ¿Crees que todo esto ha ayudado a visibilizar el papel de la Enfermería?
R: Creo que ha quedado muy patente el desconocimiento que hay sobre el papel de la Enfermería. Es una gran desconocida: su esencia es cuidar. El virus nos ha hecho visibles, quizás demasiado. Pero estábamos antes de la Covid-19 y seguiremos estando después.

P: ¿Cómo ves la situación ahora? Con la relajación de medidas, la Semana Santa...
R: Nosotros estamos preparándonos para la 4º ola. No la queremos, esperamos equivocarnos, pero la tememos. Estamos cogiendo los días que no habíamos podido coger para descansar, desconectar, que lo necesitamos mucho, y como medida de estar prevenidos por lo que pueda venir. Que pacientes Covid aún hay en la UCI, pero sí que esperamos que algún repunte venga, aunque no sea fuerte.

P: En tu opinión, ¿cómo ha sido el proceso de vacunación? ¿Estás contenta por estar vacunada?
R: El proceso funcionó muy bien. Yo quedé casi para el final porque estaba pendiente de los resultados de una PCR, pero en el momento que confirmé que me quería vacunar ya se me citó. O sea que no hubo ningún problema.

La vacuna es algo bueno, es un punto de mejora. Muchos compañeros lo hemos hecho por responsabilidad como profesionales sanitarios que somos, más que por convencimiento de que nos vaya a librar del virus. Otros compañeros sí que estaban muy convencidos y deseando que llegara. Prácticamente todos nos vacunamos, quitando algún caso puntual y lo hicimos por responsabilidad comunitaria con la gente y por dar ejemplo.

P: ¿Cómo has estado tú este año?
R: Yo estuve bien pero me ha calado. He aprendido mucho, he aprendido a solucionar situaciones emocionalmente muy complicadas.

El paciente Covid es un tipo de paciente bastante característico. De esta vez eran bastante jóvenes, la gente mayor, de más de 80 años, por lo general no llegaban a bajar a la UCI. Eran gente que ya ha visto la tele, han visto a los pacientes boca abajo, que ya han visto las intubaciones y cuando llegan ya saben un poco a lo que vienen. Y alguno te coge la mano y te dice, previa intubación: “por favor, a mí no me pongas boca abajo” o “Déjame llamar a mi mujer”... eso hay que aprender a gestionarlo. Y es muy duro porque, ¿qué le dices? Si sabes lo que va a pasar. Y la gran mayoría lo han superado. Pero otros no. ¿Y los que saben que a lo mejor no se despiertan más? ¿Qué le dices? Las familias... es durísimo. Yo me pongo en la piel de esa gente a la que se le han muerto familiares en hospitales, en residencias, sin verlos... es terrible.

El Covid a mí me ha enseñado más de lo que me ha quitado. Para mí ha sido una lección de vida. Pero la sensación de cansancio es bestial.

P: ¿Qué balance haces entonces?
R: Ha salido todo lo malo y también lo bueno. Se ha visto que los compañeros han dado el 100%, que da igual que te lleves bien, que mal, cuando hemos tenido que apretar, hemos apretado. Como los compañeros que han venido de otras unidades... vamos, todo el agradecimiento del mundo.

Porque es desplazarte de tu sitio, que te cambien toda tu cartelera, a los compañeros, volver a recordar mil cosas que normalmente no tienen que hacer... Y esa gente yo la admiro profundamente, y te das cuenta de los grandísimos profesionales que hay en este hospital. Y que esto ha salido adelante gracias a ellos. Entrabas allí y todos a una, a lo que fuera.

Hoy en día la unidad de Reanimación tiene allí unos profesionales excepcionales, tanto de los fijos, como los contratados. No lo digo por mí, sino por mis compañeros. Y voy con ellos hasta donde haga falta. Pero llegará un momento que hasta ni eso será suficiente. Porque ya estás crispado, nervioso y acabaremos mal. Y será la única manera de que nos hagan caso, tal vez.

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