Ourense, 17 de agosto del 2020 | Almudena Vázquez es una ourensana que, cuando tuvo que decidir qué quería hacer el resto de su vida, se decidió por la Enfermería. En el año 2006 acabó sus estudios y, como la mayoría de la gente cuando termina sus estudios, se incorporó al mercado laboral.

Como ya hemos venido contando en muchas ocasiones, cuando una enfermera o enfermero recién salida/o de la universidad se decide por el Servizo Galego de Saúde como lugar de trabajo, no le queda otro camino que el de los contratos eventuales. «Trabajé cuatro años como enfermera y era un caos: estabas cada día en una planta, sin estabilidad y con la sensación de no saber qué va a pasar», cuenta.

Por eso, como muchas otras compañeras y compañeros, decidió buscar una vía de escape: especializarse y así conseguir la tan ansiada estabilidad que aún hoy, más de diez años después, sigue sin llegar para las profesionales de la Enfermería gallega.
Se decidió por la Enfermería Obstétrico-Ginecológica y como el número de plazas en Galicia era limitado cuando Almudena aprobó su examen, en el 2010 hizo sus maletas y se marchó a Barcelona a formarse como matrona.

Con la entrada del 2020, y siendo matrona interina en el Hospital del Mar en la capital catalana desde hace tres años, los planes de volver a casa le empezaron a rondar la cabeza y nos cuenta en detalle todos los pros y contras de esta importante decisión.

Pregunta: ¿Cómo recuerdas tu época como enfermera eventual en Galicia?
Respuesta: Cuando yo acabé, e imagino que ahora las compañeras estarán igual, sí que te van llamando... pero claro, lo que yo recuerdo de los cuatro años que estuve aquí era un total caos. Cada día a un sitio, una gran sensación de inseguridad... Te mandaban a distintos pueblos, nunca estuve más de dos semanas en una planta que yo recuerde.

P: ¿Qué es lo que llevabas peor en esa época?
R: A mí lo que más me afectaba, e imagino que a todas las compañeras, es venir un día aquí, otro allí, porque: ni conoces a los pacientes, ni el servicio... Y aunque te cuadre que ya conoces ese servicio, es un estrés constante, no tienes continuidad en los cuidados. Por eso decidí preparar el EIR.

P: Es decir, ¿pensaste en la especialización como una vía de escape?
R: Mi motivación principal fue la estabilidad, sí: estar en una planta, en una especialidad y no moverme. Yo quería estar en un sitio y por lo menos, controlarlo. Esa fue la razón por la que me fui. Tomé la decisión de especializarme por eso. Ahora me encanta lo que hago pero si hubiésemos tenido estabilidad, no hubiese tomado la decisión de especializarme.

P: Y precisamente por esa estabilidad tuviste que irte de tu ciudad.
R: Estudié para matrona y en aquel momento, solo había 17 plazas en Galicia que se cogieron muy pronto, así que escogí Barcelona para formarme. Mi idea era estar allí un par de años pero al final, me he ido quedando... Llevo allí 10 años ya.

P: ¿Te quedaste porque encontraste lo que buscabas?
R: Me quedé porque como me había formado allí, quería aprender bien antes de volver. También porque hice amigos y porque las condiciones de trabajo, aunque allí tampoco hay muchísimas vacantes, sí que tienen más hospitales, por lo que sí que vas teniendo trabajo.

P: ¿Y cómo era ese trabajo?
R: Cuando yo acabé, fue un momento que había pocas ofertas, aquí aún habría menos, supongo. Sin embargo, desde que he acabado, solo he trabajado de matrona.
Sí que es verdad que los primeros años tuve que compaginar el trabajo entre hospitales porque lo que te daban eran guardias sueltas: te dan ciertos días al mes y compaginaba trabajar en un hospital con otro. He llegado a trabajar en tres a la vez para hacer un sueldo.
Pero después de dos años, ya tuve un contrato bastante estable en un hospital de El Maresme, un concertado, y seguí haciendo guardias sueltas en el Hospital Sant Jaume de Calella.

Almudena Vazquez

P: Y finalmente, conseguiste estabilidad.
R: Sí, yo ahora trabajo en Atención Primaria como interina y precisamente, somos un colectivo que tenemos muchas competencias, mucha responsabilidad.
Del embarazo lo llevamos todo, en todos los centros de salud hay matronas, el ginecólogo solo hace una visita, salvo en casos de riesgo, que eso sí que lo llevan directamente en el hospital el servicio de Ginecología.
Las citologías las hacemos siempre nosotras... Por lo que yo entiendo, aquí creo que el médico de cabecera aún interviene algo, allí no, o el ginecólogo o la matrona.

Y creo que es algo que deberían plantearse implantar en Galicia: darnos más competencias. Al final, somos profesionales con una formación específica, que son dos años más de estudios, y que a nivel salarial, no les supone más gasto que una enfermera generalista. Creo que en el único sitio en el que se retribuye más si eres especialista es en Cantabria.

P: Entonces, en Cataluña, ¿se da más responsabilidad a la figura de la matrona?
R: Tenemos mucha responsabilidad: nosotras estamos cuidando de una madre y de un bebé. Y yo, cuando estoy en una sala de partos, tengo la cabeza conectada totalmente allí, porque en cualquier momento el monitor puede cambiar, en cualquier momento puede pasar algo urgente, estás en tensión.
Es una responsabilidad en el embarazo, en el parto, que no haya una malformación...

P: Pero no solo estáis presentes durante el embarazo de una mujer, ¿no?
R: Nosotros allí tenemos las agendas a tope de mujeres. Hacemos “La Tarda Jove”, un horario específico para que vengan los adolescentes a hacer consultas de anticoncepción, de sexualidad... Hay mucha falta de formación en el tema de prevención de ETS, que han aumentado, y nosotras nos encargamos de eso. También hacemos charlas en institutos, que ayudan mucho. Tenemos grupos de lactancia, clases de preparto y posparto.

Hace unos años, la gente allí no sabía qué hacíamos. Ahora la mujer tiene una persona de referencia. Y si ese tipo de iniciativas se empiezan a implantar, las mujeres vendrán porque necesitan esa ayuda.
Y necesitan que esa persona que les atienda esté formada porque, por ejemplo, la lactancia no es algo que estudies durante la carrera. Se tiene que tirar más por las matronas, deberíamos estar presentes en las plantas, en todos los centros de salud. Tenemos que luchar por nuestras competencias.

P: Pero a pesar de que estás contenta, ¿estás pensando en volver a Galicia?
R: Yo quiero volver. Tengo plan de volver este año. Cuando estás 10 años en una ciudad, moverte cuesta. Al final, te haces allí pero claro, poniendo todo en una balanza... Estás más cerca de la familia, también te apetece estar en Galicia, aunque sea. Tengo miras, ahora a ver cómo lo hago.

P: ¿Será como volver a empezar?
R: Estudié la especialidad con varias compañeras gallegas y, de hecho, yo creo que ya no queda ninguna allí. Cuando volvieron se encontraron con que no tenían la oportunidad de trabajar de matronas o lo hicieron muy poco, trabajaron de enfermeras generalistas. Pero ahora por fin, trabajan de matronas.
Por ejemplo, acabo de hablar con una compañera de Vigo, y me dice que ha conseguido una vacante ahora pero claro, hasta ahora no había mucho trabajo, comparando con Barcelona.

Por lo que sí, tendré que volver a empezar, como de cero. Obviamente entro a las listas de contratación con mis puntos, porque llevo años trabajando, pero claro, tengo que mirar los protocolos, cómo funcionan aquí los hospitales, los programas, etc., pero formación tengo bastante.

P: ¿Pesa más el volver a casa que las condiciones laborales que te puedas encontrar aquí?
R: Siempre quiero volver a casa. Evidentemente, el tema de las condiciones es lo que me tira para atrás, porque yo allí estoy bastante cómoda en cuanto a trabajo.
Y ya lo sufrí cuando empecé, y precisamente me fui porque no es lógico que estés años y años con ese tipo de contratos.
Yo creo que las cosas se pueden hacer de otra manera y hay que presionar que se hagan de otra manera. Sé que hay muchas compañeras que llevan ya tiempo haciéndolo y luchando. La gente al final acaba cansándose y se tiene que ir a buscar un sitio en el que te den estabilidad, porque puedes aguantar así dos o tres años, pero no se puede estar toda la vida trabajando así. Pero tampoco irse es la solución porque la gente de Galicia se merece unos profesionales sanitarios bien tratados y que el sistema funcione bien.

P: ¿Cómo afrontas la vuelta a la eventualidad en Galicia?
R: No tengo experiencia reciente en Galicia y tengo que informarme bien pero imagino que, aunque me llamen de un día para otro, por lo menos, estaré en una sala de partos, con el mismo tipo de paciente, que ya conozco y sé cómo tratar.
Pero claro, si hoy vas a Cardiología, mañana a la UCI... Yo lo recuerdo como muy traumático.

P: Y a nivel salarial, ¿notarás un gran cambio?
R: No, en ese sentido, por lo que sé, la Xunta y la Generalitat pagan más o menos lo mismo. Si trabajase en la sanidad privada sí que lo notaría, porque en Cataluña por lo privado se gana bastante más que aquí.

P: Como profesional sanitaria, ¿cómo has vivido los meses de la primera oleada de coronavirus en Cataluña?
R: Literalmente, en el hospital que estoy, fue una locura. A las embarazadas, a todas las centralizaron en dos hospitales, y cerraron la sala de partos para acoger a los pacientes de la Covid-19 que estaban intubados. Mi hospital estaba todo destinado a Covid, menos un par de plantas. Y era impactante ver cómo un paritorio, pasa a ser una sala con gente intubada.

P: Afectó a vuestras responsabilidades habituales, ¿no?
R: A las comadronas, nos mandaron a una planta, que la llamaban la Unidad 80, que era una planta de Psiquiatría reconvertida en unidad Covid. ¿Qué suponía? Que yo y mis compañeras, que en mi caso llevo 10 años sin trabajar de enfermera generalista, que no controlamos temas de sacar medicación a cierta hora, porque es como un servicio de Urgencias, tema de tipo de medicaciones... Nos quedamos a cargo de todo eso y es súper diferente. Y que claro, que la planta era llevada toda por comadronas, excepto alguna enfermera que había, que era de consultas. Mi supervisora era comadrona, por ejemplo... Entonces te puedes imaginar, un caos.

P: ¿Cómo fueron aquellos días?
R: Las habitaciones no tenían timbre, los pacientes estaban solos, sin acompañantes. Y encontrarte allí el primer día, con un equipo que no tiene ni idea, que no teníamos ni medicación porque era una planta reconstituida, son turnos de 12 horas sí, 12 horas no, sin descanso... Así durante un mes y medio, y sin material. Bueno, lo del material ya os lo imagináis que lo vivimos en todos los lados.

P: ¿Te quedas con algo positivo de todo aquello?
R: Lo positivo es que todo el mundo se unió e hizo mucha piña, pero claro pasar de comadrona a eso así de golpe... En concreto había una enfermera que nos apoyaba pero el resto, que éramos 5, no teníamos ni idea de pacientes respiratorios, de Ventimask, de un montón de cosas que no utilizamos en el día a día.

Y bueno, al principio lloramos y lo pasamos mal pero al final sales, y nos sentimos muy orgullosas de las capacidades que tenemos, de todo lo que pudimos hacer a pesar de ser un equipo con poca experiencia y que llevamos una planta adelante.
Y eso mismo pasó con los médicos, porque allí había traumatólogos, neurólogos... se hizo mucha piña a pesar del miedo que teníamos todos.

P: ¿Y ahora cómo te sientes respecto a todo lo que habéis hecho?
R: Yo creo que el miedo de verdad está empezando a salir ahora, la ansiedad... De allí no nos libramos ninguno.
Y por otro lado, también te sientes un poco mal y piensas, ¿y nuestras pacientes embarazadas? Que evidentemente, había compañeras de Atención Primaria que hicieron protocolos específicos, visitas presenciales y telemáticas y estaban en constante contacto con ellas, osea que sí que tenían ese soporte... Pero por otro lado, me sentía mal por no poder estar con ellas, te pesa aunque fuese una situación excepcional, en la que hicimos mucho, todo lo que pudimos hacer en ese momento.

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