CID, X. (4 de febrero de 2021). Un combate demasiado largo. La Región. Recuperado de www.laregion.es 

Los sanitarios de la Unidad de Cuidados Intensivos y de Reanimación acusan al cansancio tras casi un año de pandemia. Detrás del mono, la bata, los dos pares de guantes, la mascarilla, las gafas y la pantalla, siguen al pie del cañón

No es fácil trabajar dentro de un traje que no deja ni un centímetro de piel al descubierto. Las gafas se empañan, la vista se nubla, el sudor corre bajo las capas de tela. Alrededor, los pacientes empeoran, mejoran, tienen miedo, sonríen, pero sus familias no están, ni para acompañar ni para despedirse.

Los profesionales de la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) y la de Anestesia y Reanimación (REA) del CHUO continúan en guerra contra el coronavirus, una lucha que pronto cumplirá un año. "Los Equipos de Protección Individual (EPI) se han convertido en nuestra segunda piel", resume Ana Parada, supervisora de Enfermería de la unidad de REA. "Aquí las olas como tal ni se notan porque la verdad es que no hemos parado", asegura José Javier Abellán, anestesiólogo.

El equipo mantiene el pulso al covid, pero el agotamiento físico y mental después de tantos meses es evidente. "La gente está cansada. Hemos aumentado el número de facultativos por guardia, lo que suponen más guardias al mes... No se para", explica Javier Cid, jefe de la UCI. En enfermería se duplicaron los equipos. "Recuperamos a profesionales que estaban en otros servicios pero que tenían experiencia en UCI porque los necesitamos", señala María José Nieto, supervisora de críticos. "Se está trabajando muy bien, pero mucho. El personal lo está dando todo, pero luego sales a la calle y ves lo que ves, que falta 'sentidiño'. No vemos la luz al final del túnel", señala Ana Parada.

El parón de pacientes tras la primera ola, en los meses de junio y julio, apenas permitió al personal tomar aliento. "En agosto empezamos a tener los primeros casos de pacientes covid otra vez, y desde ahí ha sido un goteo continuo, no paramos", explica Nieto.

El CHUO registraba ayer un total de 14 pacientes críticos, lejos todavía del pico de la primera ola, cuando se contabilizaron 23 enfermos de forma simultánea. Pero las comparaciones no tranquilizan. Los sanitarios miran con preocupación las cifras de hospitalizados y cruzan los dedos para que la presión asistencial no siga subiendo. "Podemos decir que estamos estabilizados, pero entre comillas, porque sigue habiendo ingresos de forma diaria, o casi", comenta Cid.

A los pacientes con coronavirus se les suman aquellos que ya son negativos, pero que todavía no pueden abandonar la unidad. "Algunos siguen con ventilación mecánica varias semanas más aunque ya no sean positivos", apunta Jesús Priego, médico intensivista. Los servicios de críticos, además, siguen atendiendo a sus enfermos "habituales". "Sigue habiendo pacientes con enfermedades coronarias graves, con neumonías no provocadas por el covid...", recuerda Priego. "En REA seguimos teniendo enfermos quirúrgicos graves, con politraumatismos... Ahora están en otra zona, separados de los pacientes contagiados", dice Parada.

La zona covid

La pandemia obligó a la gerencia del área sanitaria a reorganizar los servicios de críticos para dar cabida a los pacientes covid, que deben separarse del resto de enfermos para evitar el riesgo de contagio.

El CHUO cuenta con 56 camas para enfermos críticos: 22 en UCI, 14 en REA y 20 en la Unidad de Recuperación Postanestésica (URPA). En la primera ola la URPA se utilizó como unidad covid, pero desde la segunda ola los pacientes se reparten entre UCI y REA. De los 14 enfermos que ayer registraba el CHUO, 9 eran atendidos en REA (en una zona abierta, solo para coronavirus) y 5 en boxes individuales en UCI.

Los profesionales se visten con los epis cada vez que entran a atender a un paciente infectado. Enfundados en el buzo, cuesta diferenciar quién es quién. Por eso se escriben los nombres en la espalda. "En REA la zona covid está abierta, por lo que no nos quitamos los epis desde que entramos hasta que salimos. Los enfermeros pueden estar dos horas, dos horas y media, sin salir", señala Parada, que da cuenta de las dificultades de trabajar "embutidos" en los trajes. "Nosotros nos cambiamos rápido porque tenemos que estar un poco en todos lados y salimos y entramos, pero tanto los enfermeros como los auxiliares llevan el traje mucho más tiempo", comenta el médico José Javier Abellán.

Lidiar con el miedo

Los pacientes llegan a la unidad de críticos con miedo a no salir. "Una de las peores partes es explicarles cuando están conscientes que los vamos a dormir para poder intubarlos y tratarlos", asegura Abellán. "Nuestro papel es tranquilizarlos y darles esperanza, pero esperanza real, porque está demostrado que hay una elevada supervivencia", añade. Los enfermos reciben ventilación mecánica y, en la mayoría de los casos, se les aplica la maniobra de pronación. "Se les pone boca abajo para favorecer la oxigenación. Al principio, se pasan muchas horas así. A primera hora de la mañana se les pone boca arriba, se les hacen los cuidados, se asean... y luego se les vuelve a dar la vuelta", explica Parada. Para girar a la persona son necesarios entre cinco y seis profesionales, entre médicos, enfermeros y auxiliares.

Cada día, los sanitarios contactan con los familiares de los pacientes para explicarles cómo evolucionan. La pandemia también impide las visitas de los seres queridos. "Hace un año estábamos abriéndonos cada vez más para dejar que los familiares estuviesen aquí, con ellos, pero el covid echó todo para atrás. No es fácil trasladar malas noticias por el teléfono. Creas un vínculo con ellos por la voz, pero no sabes qué cara están poniendo mientras les hablas. Aunque intentes tener un plan en la cabeza de lo que le vas a decir no es fácil", señala Jesús Priego. "La mayoría de ellos no se puede despedir de sus familiares", recalca Carmen Balboa, Técnico en Cuidados Auxiliares de Enfermería (TCAE).

El apoyo mutuo

Pese al cansancio de la lucha, los profesionales miran con cierta esperanza hacia el futuro. "Es importante mandar un mensaje optimista: son momentos duros, pero hemos estado peor. Si todo el mundo se vacuna y cumple las medidas, poco a poco recuperaremos la normalidad que tanto echamos de menos", señala Abellán.

Los sanitarios encuentran el ánimo que a veces falta en sus compañeros. "La mejor sensación es la de dar el alta a una persona que has visto intubada y pronada y que vuelve a respirar sola, poco a poco. Recuerdo el primer alta que dimos en la primera ola, era lo que todos necesitábamos en aquel momento. Desconocíamos la enfermedad y necesitábamos una alegría", apunta Priego.

A la población le piden cautela y responsabilidad. "Y si no, que alguien venga a darse un tour aquí y vea lo que pasa de verdad", señala Balboa.

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